La Alcarria Conquense se sitúa en el extremo noroccidental de la provincia de Cuenca. La diversidad paisajística, su riqueza patrimonial, gastronómica, artesanal y la oferta recreativa, convierten a la comarca en un lugar digno de ser visitado, en el que se puede disfrutar de sus tradiciones y de la sencillez y hospitalidad de sus gentes.

La Alcarria Conquense es pues, una comarca natural de gran extensión, caracterizada por poseer un paisaje dominante propio, constituido por un gran altiplano en el que se han ido encajando los valles de diferentes ríos, dejando a su paso una serie de cerros testigo Las Alcarrias (escasas elevaciones con aspecto de mesa, consecuencia directa de la erosión producida con el transcurrir de los siglos). Además, existen en la Alcarria Conquense otras tres unidades de paisaje: la Campiña y dos sectores montañosos, con dirección norte-sur, uno al oeste y el otro al este, conocidos con el nombre de Sierra de Altomira y San Sebastián, el primero y la Sierra de Bascuñana el segundo.

En la Alcarria Conquense existen espacios naturales de singular valor. Están propuestos, por sus caracteres particulares, como Lugares de Interés Comunitario para formar parte de la futura Red Natura 2000: los Yesares de Huete, el Estrecho de Priego y la Sierra de Altomira. Estas zonas están asimismo catalogadas como Zonas de Especial Proctección de Aves (ZEPA 170, 162 y 163 respectivamente).

Históricamente la Alcarria Conquense ha recibido influjos desde épocas prehistóricas. Los Iberos, pueblos provenientes del este de la Península crean los primeros asentamientos estables de la comarca. Sobre ellos, y tras su conquista, los romanos construyeron un entramado organizativo que ha dejado su huella en el paisaje alcarreño mediante puentes, calzadas y ciudades.

El dominio musulmán tuvo una notable impronta en esta tierra, conservándose aún restos de alcazabas como la de Huete o Priego. La Alcarria Conquense fue uno de los escenarios de la Reconquista de los siglos XI y XII. Algunos pueblos, como Albalate o Alcantud, poseen topónimos que denotan este antiguo poblamiento musulmán.

A finales del medievo y durante toda la Edad Moderna, incluido el siglo XVIII, la comarca llega a su máximo esplendor cultural, económico, y artístico. Muestra de ello son los imponentes edificios, tanto civiles como religiosos que se han conservado en muchos municipios.

Durante los siglos XIX y XX se cimentan las bases de una nueva sociedad que ha llegado hasta nuestros días, manteniendo los pueblos su economía tradicional basada en la agricultura y en la ganadería, y evolucionando hacia el progreso con la lenta pero segura implantación de pequeñas empresas destinadas a la transformación de productos agrícola-ganaderos y a absorber la creciente demanda del Turismo Rural.

El campo y sus pueblos, en los que se conservan interesantes edificaciones tradicionales, manifiestan ese aspecto digno, tranquilo y sereno que le ha transmitido el paso del tiempo. Un recorrido por sus calles, una conversación con sus gentes o la visita a alguno de los monumentos, permitirá que el viajero conozca una tierra que ha sabido mantener el legado de la historia cuidadosamente, como si de un tesoro se tratara.

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